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La persona y el personaje

Fundación Antonio Pérez
Retrato del artista

La Fundación ANTONIO PÉREZ es, ante todo, la vida de Antonio Pérez. Su colección es fruto de la confluencia de dos grandes pasiones: El Arte y la Literatura.

Llevado de esa pasión y de una aguda sensibilidad fue adquiriendo las obras que en ellas se   exponen, muchas antes incluso de que sus creadores formasen parte de los libros de Historia del Arte; otras son fruto de la amistad, complicidad y colaboración con diferentes artistas. Lo cierto es que ha sido testigo directo del devenir de muchas tendencias que han ido construyendo el amplio espectro artístico de la segunda mitad de este siglo.

Antonio Pérez es un hombre de vasta cultura y de una personalidad polifacética que se construye fundamentalmente a través de tres ejes:Coleccionista-editor-artista.

Nacido en Sigüenza, ha pasado gran parte de su vida entre París y Cuenca, dos ciudades con espíritu diferente y que parecen rezumar en cada una de las obras y objetos expuestos que, a buen seguro, no pasan desapercibidos al visitante que los contempla.

Quiso ser poeta; los que le conocen saben que lo es, y lo fue cuando, siendo muy joven, decidió recorrer España remontando sus ríos, "Anda-ríos" le llamó Juan Marsé. Por aquella época, 1957, cargado de lecturas y experiencias, llegó a Cuenca desde su incursión por el río Tajo. Aquí conoció al pintor que tantas veces repintara el Perro de Goya, Antonio SAURA, quien ya pasaba temporadas en esta ciudad castellana; conoció igualmente a Manolo MILLARES. Fueron estos dos artistas quienes, con su dibujo y sus letras, en el inseparable cuaderno de viajes que siempre llevaba Antonio PÉREZ, marcan el inicio de su faceta como coleccionista en el libro de su vida. A partir de entonces comenzó su "pequeño almacén de esas cosas sueltas" como proponía Ramón GOMEZ DE LA SERNA, de quien es un admirador incansable.

Después marchó a París. "Necesitaba respirar", en nuestro país aún se vivían los difíciles años del Franquismo y el ambiente Cultural era mínimo. En la capital francesa su vida sigue ligada al mundo de la pintura, pero sobre todo al libro. En 1962, junto con José martínez, fundo "El Ruedo Ibérico", la editorial que permitió sacar a la luz un gran número de libros de autores prohibidos en nuestro país. Testimonio de esa actividad han quedado importantes colecciones de novela y poesía, así como ensayos políticos sobre España.

Participó en el Mayo del 68 y, trabajará en la librería de François Masperó "La joie de lire"..., ciertamente el libro es un elemento clave en la vida de Antonio Pérez. Es fácil  imaginarle en su casa de la calle de San Pedro devorando libros, uno tras otro, llenando su inmensa biblioteca.

Como editor volveremos de nuevo a verle a partir de 1978, ya en Cuenca, donde publicará la colección ANTOJOS, una serie de libros ilustrados acompañados de textos elegidos, en los cuales se hace patente esa pasión por el arte y la literatura. Y es que un día, allá por 1975, Antonio Pérez decidió instalarse en esta  ciudad para siempre, en la Cuenca Alta, convirtiendo su casa, con el paso del tiempo, en un verdadero museo, "le musèe   d'en face" como le gustaba llamarle Antonio Saura. Las paredes fueron sustituidas por estantes de libros que pasaron a ser los nuevos muros y, delante de ellos, por todos los rincones de su casa, fue colocando con receloso mimo su particular universo de objetos encontrados, esas cosas que han dejado de ser lo que fueron para adquirir la categoría de obras artísticas y que han terminado por inundarlo todo.

En plena madurez, Antonio Pérez pensó en el destino de su colección, de la obra pictórica, dibujos y gráfica original, y también de su inmensa biblioteca cuajada de joyas literarias, de documentos únicos, de sus archivos, su colección de objetos encontrados que esperan -tras varias exposiciones en diferentes ciudades del país- un museo riguroso, sencillo, donde las obras reposen convenientemente expuestas hasta guiñar sus ojos al curioso espectador que quiera ver en ellas el paralelismo con la obra artística, con la obra poética, con el objeto amado, con un resultado estético fruto del azar del hombre o del azar de la naturaleza, que al fin y al cabo resultan ser lo mismo.